MOISÉS DIJO AL PUEBLO: "Vosotros habéis cometido un gran pecado; mas yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado."
FUE, Y EN SU CONFESIÓN
ANTE DIOS DIJO: "Ruégote, pues este pueblo ha cometido un gran pecado,
porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme
ahora de tu libro que has escrito." La contestación fue: "Al que
pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. Ve pues ahora, lleva a este
pueblo donde te he dicho: he aquí mi ángel irá delante de ti; que en el día de
mi visitación yo visitaré en ellos su pecado." Éxodo 32:33,34.
EN LA SÚPLICA
DE MOISÉS, se dirige nuestra atención a los registros celestiales en los cuales
están inscritos los nombres de todos los seres humanos; y sus acciones, sean
buenas o malas, se anotan minuciosamente.
EL LIBRO DE LA VIDA contiene los nombres de todos los que
entraron alguna vez en el servicio de Dios. SI ALGUNO DE ÉSTOS se aparta de él
y mediante una obstinada insistencia en el pecado se endurece finalmente contra
las influencias del Espíritu Santo, su nombre será raído del libro de la vida,
en el día del juicio y será condenado a la 337 destrucción.
MOISÉS comprendía
cuán terrible sería la suerte del pecador; sin embargo, si el pueblo de Israel
iba a ser rechazado por el Señor, él deseaba que su nombre también fuese raído
con el de ellos; no podía soportar que los juicios de Dios cayeran sobre aquellos
a quienes tan bondadosamente había librado.
La intercesión de Moisés en favor de Israel ilustra la
mediación de Cristo en favor de los pecadores. Pero el Señor no permitió
que Moisés sobrellevara, como lo hizo Cristo, la culpa del transgresor. "Al
que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro," dijo. Con profunda
tristeza el pueblo enterró sus muertos. PP/EGW
