No necesitamos llevar cuenta de las pruebas, dificultades, pesares y tristezas, porque están consignados en los libros, y no los olvidará el cielo.
Mientras rememoramos las cosas desagradables, se escapan de la memoria muchas que son agradables, tales como la bondad misericordiosa con que Dios nos rodea a cada momento, y el amor que admira a los ángeles, el que le impulsó a dar a su Hijo para que muriese por nosotros.
Si al trabajar para Cristo creen haber experimentado mayores pruebas y cuidados que las que afligieron a otros, recuerden que gozarán de una paz desconocida por quienes rehuyeron esas cargas. Hay consuelo y gozo en el servicio de Cristo.
Demuestren al mundo que la
vida de Cristo no es fracaso... CE 204

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